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SER ABOGADO

Por. Carlos Hernán Escobar Ramírez[1]



Se dice que en Colombia cada 24 horas se registran 47.7 abogados nuevos[2] y que para el 2019[3] éramos el segundo país en el mundo con más profesionales del derecho por cada cien mil habitantes alcanzando más de 360 mil togados. Ello lo evidenciamos quienes nos enfrentamos cada semestre a un grupo de jóvenes estudiantes que cursan su carrera de derecho con el anhelo férreo de algún día convertirse en los próximos profesionales que ejercerán la abogacía como su forma de vida. Es verdad que muchos de los que estudian la carrera no la ejercen o al menos no de la forma tradicional. Sin embargo, todos y cada uno de los hombres y mujeres que han conseguido graduarse de abogados conforman esta gran población que, por su entrenamiento, tienen las capacidades para influir -positiva o negativamente- en su entorno social.


Hoy veo con sincera preocupación el panorama al que se enfrentan las nuevas generaciones de abogados. Todos estamos expuestos a distintos referentes que, con o sin proponérselo, generan patrones de conducta en los abogados. Desde series de televisión hasta personajes de la vida real producen en el ideario colectivo de los futuros colegas -y en los actuales- unas ideas de cuál es o, según ellos, debe ser el perfil del abogado exitoso. Mucho daño le ha hecho a nuestra profesión y aún más a la especialidad penal, esa quimera de que el penalista bueno es arrogante, pendenciero, que no pierde pelea, con el que nadie se mete. Hay quienes se han encargado de vender la falsa idea de que un buen abogado es el que gana sí o sí, el que no tiene escrúpulos para ejercer su profesión, el que su estándar ético está definido por la cifra que ponga quien pague sus honorarios. Veo quienes se enorgullecen de posar de villanos como si ese rol dignificara.


Hace falta insistir en los dogmas éticos y morales en nuestra profesión. Principios como la honradez, la lealtad, el respeto, el decoro, la honestidad, entre muchos, parecieran ir en desuso. Recordemos que históricamente el abogado ha ostentado una figura relevante en la sociedad por el servicio que presta y que corresponde a nosotros mismos desvirtuar esa mala reputación en ocasiones bien merecida. No todo vale en el ejercicio de nuestro oficio. No siempre importa ganar, en ocasiones importa más la justicia. Por eso, como decía el jurista Eduardo Couture en su famoso decálogo del abogadoAma a tu profesión - Trata de considerar la abogacía de tal manera que el día en que tu hijo te pida consejo sobre su destino consideres un honor para ti proponerle que se haga abogado.” Es pues esta un invitación a mis colegas, esforcémonos cada día por engrandecer y dignificar nuestra profesión.

[1] Abogado especialista y magister en derecho penal, Conjuez de la Sala Penal del Tribunal Superior de Cali, Docente Universitario, Consultor, Asesor y litigante en asuntos penales. [2] https://www.osadiajuridica.com/post/colombia-el-pa%C3%ADs-que-produce-47-4-abogados-cada-24-horas [3] https://www.semana.com/empresas/articulo/abogados-a-reinventarse/276327/

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